La zona en la que vivía Knud, era regida por el jarl Thorber, un gobernante poderoso pero resistido. Había heredado el trono por la muerte de su padre, un vikingo respetado que había gobernado bien, haciendo crecer la región tanto en lo económico, como en lo político y militar. Una devastadora enfermedad lo llevó a la muerte rápidamente y su hijo asumió el liderazgo, no sin resistencia de varios sectores del pueblo que no lo consideraban capaz.

Thorber, aunque no era brillante, supo mantenerse en el poder gracias a su astucia para intrigar y una tendencia violenta para acallar a quienes se le resistían. Aunque no fue la mejor época de Jelling, el poblado tuvo su momento de prosperidad económica durante la gestión de Thorber, debido principalmente a excursiones exitosas de saqueos.  El orgullo guerrero vikingo y las mejoras económicas temporales hicieron que la resistencia a su persona menguara o, por lo menos, se aplacara momentáneamente.

Gran parte del éxito de estas incursiones de saqueos se debieron a la acertada decisión de Thorber de concentrarse rápidamente en formar un ejército propio bien conformado, sobresaliendo un numeroso grupo de elite que estaba directamente bajo su mando. Este grupo, los bersekers, eran guerreros fuertes y despiadados, que peleaban a torso desnudo, sin armadura protectora y con una ferocidad salvaje.

Los pueblos europeos que sufrían saqueos vikingos tejieron miles de historias y leyendas acerca de los bersekers. Se decía que eran hombres poseídos por espíritus de osos o lobos, que no sentían dolor ni miedo y podían pelear durante horas sin sentir cansancio. Otros los consideraban simplemente un grupo de locos desquiciados y despiadados sedientos de sangre. Salvajes. Las acciones de los propios bersekers contribuían a acrecentar las fantasías. No era inusual que hicieran cosas como morder sus escudos, lastimarse a sí mismos, matar a sus propios compañeros o entrar en frenesí de batalla incluso antes de que esta comenzara, lanzándose de los barcos para pelear antes de llegar a la orilla, pereciendo ahogados en el mar.

Sea como fuere, eran una pieza militar vital para el pueblo vikingo ya que infundían temor en sus enemigos y, realmente, sobresalían en batalla. Se decía que un berseker equivalía a 10 guerreros comunes y tales apreciaciones no eran exageradas.

Poco se sabía sobre el origen real de la ferocidad de estos temibles guerreros, incluso muchos de ellos lo desconocían. Existían una serie de rituales que debían respetarse desde que un hombre pretendía ingresar a este cuerpo militar y se mantenían con periodicidad, acentuándose en épocas de guerra y especialmente antes de una batalla. Estos rituales comprendían aspectos espirituales ligados a las profundas creencias religiosas de los vikingos, entrenamientos físicos y de batalla. Sin embargo, el aspecto más importante y determinante tenía que ver con la cerveza. Y ahí es donde entra nuestro héroe en la historia, como veremos más adelante.

La cerveza destinada a los bersekers era una cerveza especial, cuya receta tenía ingredientes especiales, guardados celosamente en secreto habitualmente por el líder espiritual o brujo del pueblo. Estos ingredientes no eran ni más ni menos que ciertas plantas alucinógenas que por sí mismas eran potentes y peligrosas, pero en la cerveza se usaban combinadas…

Es así que la furia desmedida de estos guerreros, su falta de miedo, la resistencia al dolor y el comportamiento irracional que mostraban no eran causados por la posesión de algún espíritu salvaje o fuerzas demoníacas, sino por una combinación de potentes alcaloides ingeridos en la cerveza ritual.

Un conflicto alrededor de esta cerveza comienza a marcar un nuevo destino para Black Fish.

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