Knud Haraldson contemplaba con la serenidad propia de un experimentado guerrero esa extraña quietud que se extendía a su alrededor. Era un momento mágico y efímero, una calma irónica justo antes que se desatara el infierno. Al frente visualizaba las paredes de una fortaleza mediocre que se erigía en la parte más alta de una desgastada colina. Sobre las paredes,  algunos arqueros se removían nerviosos, con el miedo reflejado en sus caras. La fama de Black Fish y sus fieros vikingos era bien conocida por la región.

A su espalda un numeroso ejército de bravos vikingos esperaba con ansiedad la orden de ataque de Knud. Todos iban a pie y la mayoría portaba el tradicional escudo redondo y llevaba hachas de una mano como arma principal, aunque había una minoría que prefería las espadas.  Sobre los escudos y en los estandartes, la imagen de un pez negro resaltaba sobre un fondo celeste. No se distinguía temor en los rostros de los vikingos, sólo quizás un poco de ansiedad por la proximidad de la batalla. Estaban acostumbrados a luchar. Habían nacido para luchar.

Un par de pasos detrás de Knud, se podía observar un grupo de 15 guerreros que destacaban del resto. Eran todos de gran tamaño y fortaleza. La ausencia de armadura en el torso dejaba a la vista un cuerpo musculoso, marcado en la mayoría de los casos por cicatrices que evidenciaban la sobrevivencia a numerosos combates. Importantes tatuajes acompañaban a las cicatrices en la decoración de esos cuerpos hechos para la guerra. Ninguno de los 15 guerreros llevaba escudo. Casi todos portaban una gran hacha de dos manos como arma principal, excepto uno, el líder que llevaba dos hachas individuales. Ellos eran los bersekers, algo así como el cuerpo de élite. Una clase de guerrero hábil, sangriento y temerario, cuyas andanzas habían logrado sembrar un temor visceral en los enemigos, que hasta le atribuían capacidades sobrenaturales.

Knud, el gran guerrero, el líder, se erguía delante del grupo, enfundado en su misteriosa y atractiva armadura de escamas negras.  Giró levemente la cabeza para un costado y para el otro observando de reojo ese grupo de hombres y mujeres valientes, listos para pelear por él. Sintió un gran orgullo y a la vez una enorme responsabilidad. Cómo había llegado hasta allí? Cómo un granjero que sólo había sobresalido por hacer la mejor cerveza de la zona era ahora un líder, por el que morirían gustoso cientos de compatriotas? Cerró los ojos y los detalles importantes de su vida invadieron raudamente su recuerdo. Visualizó como en un sueño fugaz como Knud se había transformado en Black Fish.

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